La respuesta corta es sí, pero no por las razones que muchos imaginan.
México no es un país con doctrina militar ofensiva ni aspiraciones de proyección de poder. Sin embargo, sí tiene la obligación de proteger su espacio aéreo, algo que hoy no puede hacer de forma eficaz.
🛫 Un contexto que no puede ignorarse
En los últimos meses se ha documentado la presencia recurrente de aeronaves militares estadounidenses operando en zonas cercanas al espacio aéreo mexicano, particularmente en labores de vigilancia y reconocimiento. Si bien estas operaciones suelen realizarse en espacio aéreo internacional o bajo esquemas de cooperación, también evidencian una realidad incómoda: México no cuenta con capacidad propia suficiente para vigilar e interceptar de manera autónoma su espacio aéreo.
La ausencia de una fuerza de interceptación efectiva obliga, en los hechos, a depender de terceros para tareas sensibles de control aéreo, lo cual abre un debate legítimo sobre soberanía.
🛡️ Cazas sí, pero con enfoque defensivo
Hablar de cazas no implica pensar en guerras o ataques. En el caso mexicano, su función sería clara y limitada:
Interceptar vuelos ilícitos
Obligar aterrizajes
Responder ante incursiones no autorizadas
Garantizar soberanía del espacio aéreo
Países con perfiles similares al de México operan cazas ligeros precisamente para estas tareas, no como instrumentos de agresión, sino como herramientas de control.
✈️ ¿Cuántos y cuáles?
No se trata de grandes flotas ni de aeronaves de élite. Un número razonable sería entre 12 y 24 cazas ligeros, con bajo costo operativo y enfocados en defensa aérea y policía del aire.
Más que una demostración de poder, sería un acto de responsabilidad institucional.
⚠️ El debate pendiente
El problema no es únicamente el tipo de aeronave que vuela la Fuerza Aérea Mexicana, sino la ausencia de una estrategia integral de defensa aérea. Mientras el tema se reduzca a burlas en redes o a mensajes propagandísticos, México seguirá sin capacidad real de control sobre su propio cielo.

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